Personajes

-¿Cómo era una jornada normal de trabajo?

-En una jornada normal trabajaban 300 personas; tres turnos de 100. Después venía la hora del bagazo y se empleaba a 40 o 50 muchachos. La azucarera llegaba a veces hasta la misma playa, porque la ocupaban para secar el bagazo. Para que sirviera para hacer el vapor, lo llevaban a la playa y unos muchachos jóvenes se encargaban de ararlo y de darle la vuelta. Después lo cogían los carros y lo llevaban hasta las calderas para producir vapor y ahorrar carbón y fuel.

Entrevista a Rafael Jiménez.
Francisco Gálvez e Isabel Arana,
Torre del Mar. Historia de un pueblo, 2006

Tacha. Catálogo de Fives-Lille, 1878

Vista del puente de Tetuán, Málaga. Taller Somera

El azúcar, un buen negocio a la vista

A partir de 1860 y durante treinta años los grandes empresarios malagueños se interesan por la industria cañera. No es extraño porque, aunque la rentabilidad en el negocio podía ser muy alta, solo ellos podían disponer de los grandes capitales que se necesitaban y correr los riesgos de una actividad que dependía muchas veces del aumento de los cultivos.

Hasta la década de 1880 la política proteccionista y los conciertos fiscales entre fabricantes y la Administración, fijados en estimaciones a la producción muy a la baja, convirtieron al sector en una fuente de beneficios muy rápidos. Aunque las primeras inversiones procedían de capital foráneo, buena parte del total de esta inversión corresponde a la burguesía malagueña, destacando el papel jugado por la familia Larios que hacia 1879 se habían convertido en los más importantes fabricantes de España. A ellos se unieron, además de los Heredia, acostumbrados también a diversificar sus inversiones en negocios fabriles, financieros o simplemente especuladores, varios representantes de la burguesía mercantil urbana atraídos por las expectativas de beneficios que ofrecía el azúcar.

Manuel Barrón, Puerto de Málaga (detalle). Museo Thyssen, Málaga

Juan Bautista Lesseps

(1766, Sète, Francia- 1834, Lisboa)

Banquero y diplomático, fue tío del ingeniero Fernando de Lesseps, constructor del Canal de Suez. Socio y prestamista de Enrique Grivegnée, por sentencia de 1821 del tribunal del Consulado de Málaga pasó a ser propietario del trapiche del Prado y de las tierras del partido de Guadaiza.

En 1823 construyó el nuevo trapiche de Guadaiza con el objeto de procesar la caña producida en el lugar sin tener que transportarla hasta el trapiche del Prado, a considerable distancia.

También evitaba de esta manera enfrentarse a los poderosos hacendados locales de Marbella siempre muy celosos de los beneficios concedidos al trapiche del Prado tales como el monopolio del agua de riego.

Ramón de la Sagra y Peris

(1798, La Coruña- 1871, Neuchâtel, Suiza)

De origen gallego, socialista utópico, botánico y experto en agricultura, estudió el cultivo de la caña de azúcar y la fabricación de la misma durante los años que residió en Cuba. A él se debe la renovación del sector azucarero y la introducción de la máquina de vapor y las nuevas tecnologías fabriles en la costa mediterránea andaluza. En 1845 creó La Azucarera Peninsular en Almuñécar, la primera fábrica del sector por el sistema moderno industrial. Ante sus ideas sociales avanzadas, el resto de los socios le quitaron su confianza y hubo de retirarse del proyecto. Un año después puso en marcha otra experiencia innovadora, la Azucarera de Torre del Mar, de la que salió también en poco tiempo.

Martín Heredia Escolar

(1802, Rabanera de Cameros, La Rioja- 1867, Málaga)

Originario de la Tierra de Cameros (La Rioja), como otros grandes empresarios malagueños de la época, se trasladó hasta Málaga con su hermanastro, el gran industrial Manuel Agustín Heredia Martínez, convirtiéndose en su colaborador más cercano en las empresas de siderurgia, jabón, plomo, seguros marítimos y terrestres, transporte marítimo, etc.

Como empresario independiente impulsó en 1860 la creación de la primera fábrica de azúcar de la ciudad de Málaga, situada en la Malagueta, casi enfrente del Cementerio Inglés. Se montó con las últimas innovaciones técnicas.

Martín Larios y Herreros

(1798, Laguna de Cameros, La Rioja- 1873, París)

Gran personaje de la industrialización de nuestra provincia, fue el máximo responsable del desarrollo del potente sector textil algodonero con la creación de la Industria Malagueña S. A.

Ante la coyuntura favorable hasta 1880 de política proteccionista, el sector azucarero se convirtió en fuente de beneficios rápidos y la familia malagueña, en concreto Martín Larios, fue la promotora de la expansión del cultivo de la caña a comienzos de la década de 1850 y al mismo tiempo empezaron a adquirir terrenos de cultivo e instalaciones industriales modernas o para convertirlas en modernas: N.ª S.ª del Carmen de Torre del Mar, San José en Nerja, San Rafael en Torrox y N.ª S.ª de la Cabeza en Motril.

Manuel Gutierrez de la Concha e Irigoyen Marqués del Duero

(1808, Ciudad de Córdoba, Argentina- 1874, Navarra)

 Militar y político español de tendencia liberal moderada y famoso por las guerras contra los carlistas y participar en los pronunciamientos contra los progresistas. Poseedor de una finca en la zona del Guadalhorce, consiguió mejorar el rendimiento de la caña de azúcar.

A partir de la década de 1850 comenzó a adquirir tierras en la zona occidental de la provincia malagueña y posteriormente fundó la Colonia Agrícola San Pedro de Alcántara, origen del pueblo actual de ese nombre. La Colonia se estableció en un gran latifundio de 3.300 hectáreas y fue dotada de los últimos adelantos agrarios y maquinaria. Además se fundó una moderna fábrica de azúcar.

Eduardo Huelin Reissig Mandly y Ruano

(1822, Málaga- 1891, Málaga)

Miembro de una de las familias más destacadas de la burguesía malagueña, dedicada al comercio marítimo y a la crianza y exportación de vinos.

Creó en 1870, junto a su hermano Guillermo, una fábrica azucarera y previamente puso en marcha una de la operaciones urbanísticas más importantes de la época: la construcción del barrio de Huelin.

Modelo de barrio obrero inspirado en el reformismo higienista, realizado en Francia por la Societé Mulhousienne de Cités Ouvrières, que atendía al bienestar y la moralidad de los obreros en estas viviendas.

Trinidad Grund y Cerero de Campos

(Sevilla, 1821-Málaga, 1896)

Hija del cónsul de Prusia, es una de las figuras clave en la Málaga industrial de mediados del siglo XIX.

Su vida estuvo marcada por la tragedia, ya que en solo cuatro años perdió a su marido, Manuel Heredia Livermore, a sus tres hijos y a sus padres.

Por su marido, estuvo vinculada a la más destacada familia industrial malagueña, que puso en marcha industrias azucareras. A pesar de su tragedia personal, tuvo la fuerza y el arrojo suficientes para dedicarse al cuidado de los más débiles y pobres de aquella Málaga proletaria de difícil subsistencia. Destacó en la Fundación de instituciones como asilos de beneficencia, casas de socorro, escuelas de párvulos y asistencia a los hospitales, poniendo su riqueza a disposición de estas causas.

Francisco Romero Robledo

(Antequera, 1838-Madrid, 1906)

Nació en una familia de ricos labradores. Abogado, político, ministro en varias ocasiones con distintos gobiernos y presidente del Congreso (1903-1906).

Es una figura controvertida. Llamado el Pollo de Antequera por su elegancia; para algunos es una personalidad coherente y fiel a sus amigos, y para otros fue un político oportunista y creador de redes clientelares y electoralistas.

En 1890 se creó bajo sus auspicios la Azucarera Antequerana, como sociedad anónima dedicada al nuevo sector de la fabricación de azúcar de remolacha, propiciando también una transformación en la agricultura de la vega de Antequera por la dedicación a este nuevo cultivo.

Simón Castel Sáenz

(1850-1925)

Constituye el ejemplo más representativo de lo que fue la burguesía agroindustrial malagueña de la primera mitad del siglo XX. Miembro de una familia de comerciantes, su trayectoria empresarial destaca por la creación a comienzos del siglo XX de la Harinera San Simón, la más importante del sector en Málaga. En 1874 Simón Castel e Hijos fundaron la Azucarera San Nicolás en Adra (Almería) aunque dos años después la vendieron a los Heredia.

La presencia de Simón Castel en el sector azucarero no terminó con su fábrica de Adra.

A finales del siglo XIX en unión con Briales Hermanos pusieron en marcha en Málaga la Azucarera Santísima Trinidad, situada en la barriada de Churriana.

Rafael Jiménez Bellido

(1925, Torre del Mar)

Rafael Jiménez es una de las personas que conoce mejor el tema de la elaboración del azúcar de caña por haber trabajado más de 46 años en la fábrica de Torre del Mar.

Entró en ella con catorce años después de la Guerra Civil con categoría de aprendiz. En la fábrica se fraguaban buenos mecánicos y electricistas que empezaban desde muy jóvenes en estos menesteres.

El trabajo era entonces hacer piezas en las fundiciones de la propia fábrica. Trabajaba de 8 a 13 h y de 15 a 17,30 h y ganaba entonces 4,5 pesetas.

Toda una vida dedicó Rafael al sector azucarero del que vivió durante mucho tiempo el pueblo de Torre del Mar. Hoy es un punto de referencia para recordar la Historia de aquellos años.

Vélez-Málaga, grabado de Chapuy

La burguesía del azúcar

Los Heredia, copropietarios del ingenio de Torrox entre 1816 y 1823, construyeron una azucarera-refinería en la Malagueta en 1860. También fueron propietarios de la azucarera del Guadalhorce, fundada en 1885, y de los ingenios Santa Julia y San Nicolás de Adra, construido por Castel e Hijos de Málaga en 1870. Simón Castel además había fundado, junto con los hermanos Briales, la fábrica Santísima Trinidad de Churriana a finales del siglo XIX.

También entraron en el negocio del azúcar los hermanos Huelin, negociantes que fundaron la fábrica San Guillermo en Málaga, y el marqués del Duero que construyó la azucarera de la Colonia San Pedro de Alcántara.

La familia Larios eran los más importantes fabricantes de azúcar de España hacia 1879, con siete fábricas en toda la costa (Torrox, Nerja, Torre del Mar, Sabinillas, Zamarrilla, Adra y Virgen de la Cabeza de Motril), y con una capacidad de molienda de unos 6 millones de arrobas al año (el 40% del potencial de Andalucía en el sector).

Francisco Romero Robledo fundó la Azucarera Antequerana en 1890; los Pérez del Pulgar pusieron en marcha en 1870 la azucarera-alcoholera San Joaquín en Maro, y el propietario Juan Ramos Ramos, creó el ingenio San Isidro en el Trapiche de Vélez.