los viajeros

En 1830 Charles Rochfort Scott, un capitán británico destinado en Gibraltar que gustaba de recorrer la Serranía de Ronda a caballo, contó a unos perplejos paisanos, mientras calentaba agua en una tetera, que existían diligencias que se movían con vapor. Lo más probable es que no creyeran nada de aquella historia, pero treinta y cinco años más tarde llegaba a Málaga desde Córdoba la primera locomotora. La llegada del ferrocarril trajo la ruina de las compañías de diligencias y el consiguiente abandono de los caminos de herradura.

Andrés Arenas y Jesús Majada,

De Rilke a Brenan, 2003

Grabado de Gustave Doré

Los viajeros son una excelente fuente de información para épocas pasadas, pero a veces sus descripciones y narraciones son confusas y se prestan a diferentes interpretaciones. En 1659 el caballero francés Francisco de Bertaut viajaba de Málaga a Gibraltar y nos dejó en el relato la siguiente descripción:

“[…] la lluvia nos había cogido en el camino, y nos duró todavía todo el martes 19 del mes de noviembre, que marchamos a Gibraltar, que está a seis leguas de allí. Cinco meses que no había llovido, y a pesar del viento y de la lluvia, nos desviamos una legua grande para ir a ver un molino donde hacen el azúcar. Lo llaman Ingenio, a causa de que machaca las cañas con ruedas; en lugar de que a los otros molinos los llaman trapiches, donde los machacan con pilones, como en Francia el papel […]”.

Aunque Pérez Vidal asegura que el viajero se refiere al trapiche del Prado de Marbella, otros expertos como Margarita Birriel asegura que el trapiche visto por Bertaut no era el de Marbella sino el de Manilva porque el viajero, que se encontraba en ese momento en Estepona con destino a Gibraltar, habla de un lugar situado entre ambas poblaciones.

Decoración incisa. Ingenio San Antonio Abad, Nerja

Pieter Van der Aa, Vista de Vélez-Málaga, 1706

Joan Salvador Riera

(1683, Barcelona-1726, Barcelona)

“En Málaga hay abundancia de olivares, de campos de caña de azúcar, de batatas, de plátanos y de viñas, con cuyas uvas se hacen mucha pasa, sin escaldar, solamente secada al sol, la cual es muy buena y apreciada […]. En las huertas de Málaga cultivaban muchas plantas de Indias como la Musa (plátano), el Corallodendron (árbol del Caribe de flor roja) y el Xylon arboreum (árbol de algodón) […]. Al salir de Málaga por la costa, en una casa de campo muy grande cerca del lugar de Almaina [sic] hay un huerto grandísimo con naranjos de la China, plátanos, caña de azúcar y un canal de riego donde había abundante Arum Aegyptiacum (verde colocasia)”.

José Pardo Tomás, Botánicos de viaje. Andalucía en el Viaje de España y Portugal de Joan Salvador, 2015

Jean François de Bourgoing

(1748, Nevers, Francia- 1811, Carlsbad, R. Checa)

“[…] pocas personas, incluso en España, saben que se cultiva la caña de azúcar en torno a Vélez-Málaga, y principalmente en Torrox, dos leguas más allá.

Es verdad que la falta de leña ha terminado por arruinar las azucareras, restos de la industria mora, y que la mayor parte de estas cañas sirven de distracción a los niños que las chupan […]”.

Barón de Bourgoing, Nuevo viaje a España o Bosquejo del estado actual de la monarquía, 1789

William Jacob

(1761-1851)

“Después de cabalgar unas cuatro horas dejamos la orilla para visitar una plantación de azúcar en Torre del Mar. En unas tres millas a medida que nos acercábamos, nuestro camino pasó a través de campos sembrados de algodón y caña de azúcar. Parecía prestarse la mayor atención al riego y la totalidad de estas extensas plantaciones estaban labradas con la limpieza de un jardín o huerto inglés […]. El molino para moler las cañas consiste en tres cilindros de hierro perpendiculares, movidos por mulos, que exprimen el jugo que se conduce desde aquí por trojes de madera a las calderas. Las vasijas en que se obtiene el azúcar son de la misma forma que aquellas que se usan en las refinerías de Londres”.

William Jacob, Viajes por el sur de España durante la Guerra de la Independencia, 1809-1810

Willhem Von Humboldt

(1767, Postdam, Alemania- 1835, Berlín, Alemania)

“Pero dado que todavía está a algunas horas de Vélez-Málaga, visitamos la de cierto Davanhorkes (en El Trapiche de Vélez). Lo esencial del proceso es que la caña de azúcar se exprime mediante dos cilindros recubiertos de metal. Entre estos cilindros hay un eje que mueve ambos, y delante y detrás de estos cilindros se coloca un hombre. El primero mete la caña de azúcar y el que está detrás mete la caña que todavía no se ha prensado totalmente en el otro, de tal manera que cuando sale está troceada y fina como virutas que son empleadas en la calefacción. Este trabajo en los cilindros es muy peligroso. Si se mete la punta de un dedo, la violencia del molino arrastra consigo a todo el hombre y lo machaca. En Vélez ya se han dado algunos casos”.

Wilhem von Humboldt, Diario de Viaje a España,
1799-1800

Jose I Bonaparte, rey de España

(1768, Corte, Córcega-1844, Florencia)

“Durante el conflicto de la Guerra de la Independencia fue el propio rey de España José I, puesto en el cargo por su hermano Napoleón, el que visitó Vélez-Málaga el 9 de marzo de 1810 con el objetivo de conocer el cultivo de la caña y la industria derivada de ella. En aquel día José I recibió a las corporaciones y personas distinguidas de la localidad y concedió algunas audiencias. Después en un discurso reconoció la importancia de esta agricultura y se mostró dispuesto a favorecerla. Más tarde se dirigió a visitar las plantaciones de caña y un ingenio que funcionaba en la localidad”.

Marion Reder y Pedro L. Pérez, «La Guerra de la Independencia en Vélez-Málaga y en la Axarquía: guerrillas y contraguerrillas», 2009

Alexander de Laborde

(1773, Paris-1842, Paris)

“Todo este territorio está inculto, excepto una legua que media entre los ríos Guadaisa y Guadalmina, que perfectamente es cultivada y destinada a caña de azúcar […]. El nuevo dueño del Trapiche (Enrique Grivegnée) instaló una maquinaria en la que la introducción de un piñón de hierro, colocado sobre el cilindro del centro, permitió un molino de mayor solidez y seguridad al evitar las frecuentes roturas que se producían por el rozamiento con los rodillos laterales. La nueva molienda era tan rápida que llegaba a moler diariamente dos mil ochocientas arrobas de caña, el doble de las que se molturaban en los restantes ingenios de la costa. La introducción a su vez de hornos de reverbero provocaba un aumento de la temperatura y por tanto un considerable ahorro de energía”.

Alexander de Laborde, Itineraire descriptif de l’Espagne, 1809

Charles Davillier

(1823, París-1883, París)

“Vélez-Málaga es el verdadero paraíso de la costa meridional de España y no puede haber ninguna otra ciudad en Europa en la que el cielo sea tan hermoso y el clima tan dulce; (no hay) otra donde el algodón y la caña de azúcar que se llama caña dulce, «el índigo» (añil), el café, la patata, y otras plantas tropicales crezcan tan bien. Compramos en el mercado cañas de azúcar verdes que eran excelentes y frutos originales de América llamados chirimoyas […]”.

Charles Davillier, Viaje a España.
Dibujos de Gustave Doré, 
1875

María de las Nieves de Braganza y Borbón

(1852, Kleinheubach, Baviera- 1941, Viena)

“Como tenemos mucho tiempo [hasta la llegada del tren a Torre del Mar] (2 horas), nos paseamos primero a mirar los cañaverales cerca de la estación; luego vamos al gran ingenio de Larios, esto del otro lado de la población. No podemos ver el trabajo del ingenio, pero hablamos con un hombre muy amable que tiene cañaveral al lado del ingenio, no recuerdo si comprado o alquilado. Vigila allí sus obreros. Dice que todos los que tienen caña la hacen moler en el ingenio de Larios, pues no hay otro, y así puede fijar él el precio que quiere, porque se resuelve la cuestión en tomar o dejar…

Preguntamos si era verdad que la caña se había suprimido en mucha parte porque encontraban no daba provecho y que plantaban siempre menos. Él contestó que ahora se plantaba mucho más”.

Mª de las Nieves Braganza y Borbón, Cuaderno de viaje en España, 1926

E. M. Mark, Vista de Carratraca

Viajar por Málaga en el siglo XIX

La ciudad de Málaga no gustaba a los viajeros románticos. Ofrecía escaso interés para unas personas que sentían recelo por los cambios producidos por el mundo civilizador de la industrialización y la máquina, que alteraban el discurrir natural de las cosas. El romántico se interesa por los lugares primitivos, por esto las chimeneas de las fábricas suelen suscitar, por lo que implican de desarrollo industrial, la desaprobación y el rechazo. En Málaga lo que gusta es el exotismo, el clima, la tropicalidad de la naturaleza, su situación entre el mar y las montañas y la naturalidad de personajes marginales y casi fuera de la ley.

Clark, el autor de la obra Gazpacho nos dice: “La situación de Málaga es encantadora, y bien vale el esfuerzo de subir a la torre de la catedral para disfrutar de la vista. Cierre los ojos a las incongruentes chimeneas de las factorías y vea solo las ruinas morunas unidas por la vieja muralla, las palmeras que bordean la ciudad, el mar azul y la ondulada línea costera a un lado y las extrañas y desnudas colinas al otro”.

El paraíso está en lugares como Vélez, Richard Ford nos la describe: “El clima es delicioso […] una tierra que abunda en aceite y vino: aquí está la palmera, pero sin el desierto; la caña de azúcar, pero sin el esclavo; la combinación de humedad y sol tropical produce la batata, el añil y la caña de azúcar”.