la arquitectura del agua

En 1842 el nuevo propietario del trapiche del Prado, volverá a plantear el problema del agua: la finca disponía de agua propia proveniente de los manantiales  de Puente de Palo que se conducía por la cañería construida por Grivegnée a la que correspondía la cañería pública, la del arroyo próximo (arroyo Regajo) que era escasa y la del arroyo de la Laja que pasa por debajo del Puente de Palo. Se detectaban pérdidas de agua que se utilizaban en el riego de la huerta y que procedía de los nacimientos de Puente de Palo, propiedad del Trapiche. Este hecho ocasionaba un gran perjuicio para los cultivos de la finca.

Lucía Prieto,

«El Trapiche de Marbella», 2008

Fuente del patio del Trapiche del Prado. Marbella

La industria azucarera de la costa originó un paisaje cultural basado en la existencia de ingenios, trapiches y fábricas, además del cultivo de la caña que se produce en sus fértiles vegas.

La configuración de este paisaje se compone de tres elementos físicos necesarios: la industria azucarera, las vegas agrícolas y la arquitectura del agua. En realidad, la fertilidad de las vegas se debe a los sistemas de transporte puestos en marcha por la arquitectura del agua. Los canales principales recogen el agua de los ríos y manantiales principales y la reparten a través de un completo sistema de acequias que la llevan a las parcelas. También en las vegas se produce una instalación de norias mecánicas que sacan el agua subterránea para llevarla por un sistema de acueductos y acequias, con la intervención a veces de sifones, hasta las albercas desde donde se reparte por las parcelas.

El agua es necesaria para la producción de caña en las vegas; a su vez el ingenio necesita la caña como materia prima y al agua como fuerza motriz; también la fábrica necesita el agua como recurso para el proceso de producción industrial. Se puede decir que la arquitectura del agua es el eje cultural en torno al que se ordena todo el paisaje de la caña de azúcar y que alrededor de acequias y canales se sitúan todos los elementos necesarios para la producción del azúcar.

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Acueducto de San Javier, Torrox. Vista superior

Acueducto de San Javier, Torrox.

Saltos de los ingenios de Frigiliana

La acequia de Lízar tiene una longitud de más de 6 kilómetros desde su punto de captación en el río Higuerón hasta el pozo o alberca de Lízar. Desde aquí se distribuye el agua por las acequias de riego de Frigiliana. Antes, el agua traída por la acequia se precipitaba por un complejo sistema de saltos de agua que movían las ruedas hidráulicas de las maquinillas de Arriba (N.ª S.ª de los Dolores), de Enmedio (La Esperanza) y de Abajo (San Sebastián) para llegar a la gran rueda del ingenio de Frigiliana (San Raimundo).

Saltos de los ingenios de Frigiliana

Sistema del agua en la Molineta

Gracias a la acequia de la Molineta, se consolidó un núcleo industrial en la aldea de este nombre. Las aguas procedentes del río Higuerón aseguraban la producción de energía hidráulica para mover las ruedas voladeras de molinos harineros, fábrica de papel de estraza e ingenio azucarero. Hoy, una vez que el agua ya no baja por la acequia de la Molineta, la zona se ha convertido en un tranquilo núcleo residencial que conserva algunos edificios de aire industrial y algunos elementos fabriles que formaron parte de aquellas fábricas.

Entre los edificios, los canales forman el sistema de agua de la Molineta

Acueducto de San Javier

Desde el ingenio San Rafael continua su recorrido el canal proveniente de la acequia del pueblo de Torrox y por aquí baja paralelo al río.

En el último tramo antes de llegar al ingenio San Javier, se convierte en un bello acueducto de varios centenares de metros en el que podemos apreciar la esbeltez de sus arcos desde el camino paralelo. Así llega con los arcos más altos hasta el antiguo salto de agua.

Acueducto de San Javier, Torrox

Acueducto de San Rafael

El sistema de acequias de Torrox se remonta a la época árabe en que la población se dividía en cinco alquerías, cada una tenía su sistema de abastecimiento. La acequia principal «del pueblo» tomaba su agua del río Torrox a la altura de la fábrica de la luz, desde aquí iba regando fincas y movía molinos y almazaras.

Después de atravesar la población, movía las ruedas voladeras del ingenio Alto y continuaba después mediante un canal más construido, para proporcionar energía al ingenio Bajo.

Acueducto de San Rafael, Torrox

Los canales de Nerja

Nerja poseía desde la época andalusí las acequias Alta, de Enmedio y Baja (llamada después Real o del Pueblo), que tomaban sus aguas del río Chíllar. Estas acequias se utilizaron desde el siglo XVI para el regadío de la caña y para transportar el agua que movía las ruedas de los ingenios. Después proporcionaron también el agua necesaria para las fábricas industriales. Los Larios realizaron atarjeas para salvar los desniveles del terreno y llevar el agua a la azucarera San José.

Los canales de Nerja

Sistemas de regadío en las norias de Torre del Mar y sus vegas

Esta noria del paraje del Molino en Lagos, término de Vélez, es un ejemplo de los conjuntos hidráulicos instalados en las vegas del litoral para el aprovechamiento en el cultivo de la caña de azúcar.

Se compone del sistema de captación (la propia noria) del que además del pozo, quedan solo algunos elementos del malacate; el acueducto que tiene un cierto desnivel para que el agua pueda circular y falta el sistema de almacenaje, la alberca, desde la que se distribuía el agua por atarjeas y tornas.

Foto: Alberto Escolano

Acueducto del Tablazo o del Agua de Hierro

Sistema de acequias y acueductos en Maro y Nerja

Maro contaba con una acequia de origen medieval que se abastecía de las aguas del nacimiento de su río y regaba la vega y demás pagos, proporcionando también la energía hidráulica para el funcionamiento de su ingenio azucarero.

Alrededor de 1860 Joaquín Pérez del Pulgar, propietario de Maro, construyó la acequia de las Mercedes para llevar el agua al pago del mismo nombre y abastecer posteriormente la fábrica azucarera San Joaquín; para salvar el barranco de Maro fue necesario levantar una obra de ingeniería: el acueducto del Águila. Unos años después se construyó un segundo acueducto entre dicho pago y la cala de Burriana, denominado acueducto del Tablazo o del Agua de Hierro, por el nombre de la fuente de la que se abastecen las aguas que discurren por su canal.

También Nerja tenía desde la Edad Media una red de acequias que regaban los pagos de la vega, especialmente para el cultivo del moral, necesario para la producción de la seda y, a partir del siglo XVI, imprescindibles para el riego de la caña y la fabricación de azúcar. Durante el XIX era tal la importancia de estas obras que el Ayuntamiento de Nerja encargaba en exclusiva a un maestro alarife el mantenimiento de acequias y atarjeas.

Tanto en Maro como en Nerja la mayoría de estas obras siguen aún en uso.